10 d’octubre 2008

Para Adelita.

"Lo cierto es que fueron años de arduo y pragmático aprendizaje, con lapsos de desaliento en los que estuvo a punto de desistir. Pero al fin triunfó la perseverancia y Raimundo aprendió a ladrar. No a imitar los ladridos, como suelen hacer algunos chistosos o que se creen tales, sino verdaderamente a ladrar. ¿Qué lo había impulsado a ese adiestramiento?
Ante sus amigos se autoflagelaba con humor: "La verdad es que ladro por no llorar". Sin embargo, la razón más valedera era su amor casi franciscano hacia sus hermanos perros. Amor es comunicación. ¿Cómo amar entonces sin comunicarse?



Para Raimundo representó un día de gloria cuando su ladrido fue por fin comprendido, por Leo, su hermano perro, y (algo más extraordinario aún) él comprendió el ladrido de Leo. A partir de ese día Raimundo y Leo se tendían, por lo general en los atardeceres, bajo la glorieta y dialogaban sobre temas generales. A pesar de su amor por los hermanos perros, Raimundo nunca había imaginado que Leo tuviera tan sagaz visión del mundo. Por fin, un tarde se animó a preguntarle, en varios sobrios ladridos: "Dime, Leo, con toda franqueza: ¿qué opinas de mi forma de ladrar?". La respuesta de Leo fue bastante escueta y sincera. "Yo diría que lo haces bastante bien, pero tendrás que mejorar. Cuando ladras, todavía se te nota el acento humano."

Mario Benedetti

2 comentaris:

no sé ha dit...

Magnífico Mario

una de las frases más hermosas que he tenido el placer de leer es suya (a parte de otras mil claro, pero esta es especialmente bella)

Tengo una soledad tan concurrida
ten llena de nostalgias y de rostros de vos...

océanos de amor en tu vida

silente ha dit...

Ah, tenía que ser Mario, el culpable de que este rubio de 1,3 años que vive conmigo se llame igual.

La vida, ese paréntesis.

P.D. Te debo unas cervezas y un Valentí Puig.